Epístolas pastorales
Las
tres epístolas, 1 y 2 Timoteo y tito, fueron llamadas epístolas pastorales por
primera vez en el ss. xviii, y este nombre se ha impuesto para designarlas como
grupo. Es un título que solo parcialmente puede considerarse como una descripción
acertada de su contenido, porque no son estrictamente pastorales en el sentido
de dar instrucción sobre el cuidado de las almas. Las dos epístolas a Timoteo,
y la dirigida a tito, comúnmente agrupadas bajo la designación de *epístolas
pastorales, pertenecen al período final de la vida de pablo, y proporcionan
información valiosa acerca de los pensamientos del gran apóstol misionero
cuando se prepara para delegar sus funciones en otros. Están dirigidas a dos de
sus colaboradores más cercanos, y por esta razón ofrecen un tipo diferente de correspondencia
paulina, en comparación con las epístolas más tempranas dirigidas a iglesias.
Dando
por supuesto, que las tres epístolas fueron escritas dentro de un intervalo de
tiempo relativamente breve, corresponde hacer notar que todas ellas tienen un
propósito común. Están todas destinadas a comunicar a sus colaboradores
palabras de exhortación y estímulo, tanto para sus responsabilidades presentes
como futuras. Hay bastante instrucción acerca de la administración
eclesiástica, pero sería erróneo suponer que dichas instrucciones constituyen
el propósito único de cada una de ellas. De las tres epístolas, el motivo para
la confección de 2 Ti. resulta más claro que en el caso de las demás. El
propósito por detrás de las otras dos epístolas es menos claro, porque en ambos
casos Pablo acababa de estar con los receptores, y la necesidad de
instrucciones tan detalladas no resulta evidente. Parecería probable que buena
parte del tema ya había sido comunicada oralmente, porque en ambas epístolas se
dan detalles precisos para las condiciones que debían reunir las principales
autoridades de la iglesia, y resulta inconcebible suponer que hasta ese momento
ni Timoteo ni Tito hubiesen recibido esas instrucciones. Con toda probabilidad
las epístolas tenían como fin fortalecer las manos de los representantes de
Pablo en sus respectivas tareas.
a.
El problema histórico
La
situación histórica no puede pertenecer al período de la historia de Hechos, y
la consiguiente necesidad de postular la liberación de Pablo ha llevado a
algunos entendidos a sugerir teorías alternativas. a) Todas las referencias
personales son invento del autor, b) de otro modo algunas de ellas son notas
genuinas que han sido incorporadas en las producciones del propio autor. Nunca
ha habido nada que se aproximase a unanimidad entre los que apoyan esta última
alternativa en lo que se refiere a la identificación de las “notas”, lo cual
hace que surjan sospechas con respecto a la teoría. Más todavía, la noción de un
escritor novelístico que produce notas personales de tal verosimilitud es
improbable, y ninguna de estas dos teorías es necesaria si se sostiene la
suposición perfectamente razonable de que Pablo fue liberado al cabo de su
primera prisión romana.
b.
El problema eclesiástico
Se ha afirmado que la situación
eclesiástica refleja un estado de cosas semejante al del ss. II, pero esta
línea crítica ha sido muy influida por la suposición de que: a) en estas
epístolas se combate el gnosticismo del ss. II, y b) que la organización de la iglesia estaba
demasiado perfeccionada para el período primitivo. La fuerza de la primera
suposición se reduce a la nada ante el reconocimiento moderno, cada vez mayor,
de que el gnosticismo tenía raíces mucho más antiguas de lo que una vez se
imaginó, y de que la forma de herejía que se combate en estas epístolas está
muy lejos del gnosticismo evolucionado. La segunda suposición resulta
igualmente insegura frente al hecho de que la organización eclesiástica es más
primitiva por cierto que en la época de Ignacio, y no revela ningún anacronismo
con el período del apóstol.
c.
El problema doctrinal
La ausencia de grandes
exposiciones doctrinales paulinas, como las que se encuentran en las cartas
anteriores, y la presencia de expresiones estereotipadas tales como “la fe” y
“sana doctrina”, que sugieren una etapa de formación en que la doctrina
cristiana había adquirido fijeza como tradición, han dado lugar a dudas
adicionales acerca de la paternidad paulina. Pero el reconocimiento del carácter
principalmente personal de estas comunicaciones y del conocimiento que tanto
Timoteo como Tito tenían ya de la enseñanza principal de Pablo, es suficiente
para resolver la primera objeción, mientras que la segunda queda anulada por la
suposición válida de que Pablo, como pionero no podía dejar de tener en cuenta
la necesidad de la conservación de la doctrina verdadera; y lo adecuado de los
términos empleados para este fin es algo que tiene que admitirse.
d.
El problema lingüístico
Estas epístolas contienen un
número inusualmente grande de palabras que no se usan en ninguna parte del NT,
y una cantidad que no aparece en ningún otro escrito paulino, y se afirma que
estas indicaciones demuestran su carácter no paulino, especialmente cuando
están apoyadas por la ausencia de muchos pronombres, preposiciones, y
partículas usadas por el apóstol. Pero los recuentos de palabras de este tipo
sólo pueden resultar efectivos si existen suficientes datos que sirvan como
base de comparación, y esto no puede sostenerse en el caso de las epístolas
paulinas, en las que el vocabulario total no excede de 2.500 palabras
diferentes. No parece haber ninguna razón válida para rechazar la idea de que
las diferencias de vocabulario y estilo no puedan evidenciarse en los escritos
de una misma persona.
Creo
que el asunto del vocabulario se puede solucionar con los destinatarios y el
tema a tratar en la carta. Si bien es cierto que los términos usados en la
carta no son muy comunes al apóstol Pablo, tampoco es certero que se pueda descartar
la autoría paulina por este hecho, ya que si comparamos las cartas paulinas
encontraremos que en algunas mas que en otras se presentan similares casos, no
descartándose la autoría paulina, con lo cual queda descartada esta
posibilidad, sin embargo, existe la posibilidad de que por ser un tanto tardías
1y 2 Timoteo y Tito, y por ser dirigidas a jóvenes el vocabulario y la temática
cambie considerablemente el estilo del autor. No es lo mismo dirigirse a una
iglesia y dirigirse a una persona
Puede
decirse que estas objeciones, incluso cuando se las considera en forma
acumulativa, no proporcionan razones adecuadas para abandonar la convicción
reconocida e irrebatida de la iglesia cristiana hasta el ss. XIX, de que estas
tres epístolas constituyen escritos genuinos del apóstol Pablo.
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