domingo, 6 de septiembre de 2015

Justificación y Reconciliación



Rom 3:21-26 LBLA
(21)  Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas;
(22)  es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción;
(23)  por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,
(24)  siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús,
(25)  a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente,
(26)  para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.







Relación entre justificación y reconciliación

La justificación es el testimonio de la misericordia,  esa misericordia que perdona y acoge al pecador devolviéndole la dignidad, esta es la justicia que Dios confiere al hombre. Dios es Justo justificando al pecador a través de Jesucristo, de aquí que se concluye que Justificación es el acontecimiento del amor de Dios que ayuda sin preguntar si la persona lo merece o no, así también es la manifestación del derecho que tiene Dios de ser bondadoso, por lo que espera del hombre que acepte la gratuidad suya. De la justificación nace una persona renovada, una comunidad viva en Cristo, un compromiso de vida, una persona agradecida.


Aunque mucho se habla de justificación se dice poco de hacer justicia, cuando estas son inseparables de por sí.. Dos observaciones se nos presenta acerca de la justificación y el empeño de la justicia en el mundo.


  1. la justificación no quita de las personas lo que les es debido: mas bien les da lo que no merecen, exige que sean atendidos los derechos de las personas.
  2. la justificación compromete, exige que se respete lo que Dios ha dado a todos por gracia.
Por otro lado la reconciliación muchas veces es vista como un acto individual, separado y de índole espiritual, cuando el mensaje y la obra de Cristo no busco agotarse en una mera actitud de complacencia espiritual. Lo que debe quedar claro es que el objetivo de la reconciliación es el mundo y no solo la salvación individual. Esto nos lleva ha contemplar otras áreas que se han descuidado y que también deberían ser preocupaciones dentro del mensaje de reconciliación, tales como las estructuras y los niveles más complejos de nuestra realidad.


La reconciliación pues no se agota en el creyente que se acerca a Dios para mostrarle agradecimiento en sus formas cultuales, incluye también una actividad constante y desafiante que involucra toda la sociedad y todas las áreas de la realidad, aun más cuando somos conscientes que hay estructuras enquistadas de “pecado”.


La reconciliación amerita pues una actitud de entrega como lo hizo Jesucristo, una actitud de renuncia, de protesta, de inconformidad con las injusticias y con las fuerzas que siembran opresión y muerte.


Reconciliación es pues liberar del pecado y salvar todo aquello que se da por perdido y que no  tiene forma de restaurarse, es aquel mensaje vivo que busca crear conciencia y vida en aquellos que creen y están dispuestos acatarlo.


Reconciliación es pues la liberación de la ira, aquello que traía como fin la muerte, es el don gratuito, es la gratuidad de la vida, la oportunidad de construir una mejor humanidad, que glorifique a Dios en sus actos.


Así también involucra una relación estrecha con la justificación pues ambas provienen del Creador y buscan un mismo objetivo en Cristo Jesús, esta es la de reconciliar gratuitamente lo que esta perdido, el mundo y todo lo que ello comprende, superando así el egoísmo, la falta de amor, la incredulidad y la muerte. 
Rom 5:1-11 LBLA
(1)  Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,
(2)  por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
(3)  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;
(4)  y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza;
(5)  y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.
(6)  Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos.
(7)  Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno.
(8)  Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
(9)  Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El.
(10)  Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida.
(11)  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.



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